J.S. Sansano

Balas Electrificadas

¡No disparen!
He venido a recoger a mi hermana…
o los restos que han dejao
esparcidos por el arcén.
Ella solo iba de regreso a casa.
¿Qué pecado cometió…
para encontrarse con “usted”?

Y me paro a pensar…
¿Con qué derecho me apuñala,
y me apunta a la cabeza
con un arma cargada.

¿Y si yo también puedo disparar?
Desenfundo mi guitarra,
y recargo mis palabras,
y te atravieso con mil balas
¡electrificadas!

Donde el mundo me acorrala,
donde me cuesta respirar,
donde pierdo la esperanza,
y bajo un cielo de metralla…
empiezo a cantar:

Nunca olvidaremos
que las balas tienen dueños.
Que no vuelan por los aires,
si tú no las provocas.

Que cuando lo hacen,
tienen un buen motivo.
Desgraciadamente,
agarrados del gatillo.

Esta poesía, o canción —ya que la concebí como letra de una canción para Tony en la saga de «Vivir para Contarlo»—, la escribí tras los terribles atentados de Paris en 2015 —escribir un libro lleva su tiempo, ¿qué pasa?—.

Todo empezó con el asalto a Charlie Hebdo, pero también se produjeron varios tiroteos en zonas públicas. Entre ellos, el de la sala de conciertos Bataclan.

Aún recuerdo el testimonio de una chica de 22 años que sobrevivió haciéndose pasar por muerta. «Nunca piensas que te va a pasar a ti», decía. Y la sangre de los desconocidos que no tuvieron tanta suerte, y la última declaración de amor de una pareja, y la incertidumbre de si su novio seguiría con vida…

Se me retuercen las tripas de solo recordarlo, me ahogo al imaginarme en su piel —ojalá nunca me vea en una situación así—. Y a día de hoy, viendo lo sucedido en Ucrania, sigo sin entender que ocurran este tipo de mierdas.

No quiero pecar de naif en mis observaciones, sé que vivimos en una sociedad llena de matices. Entre blanco y negro, malo y bueno, existe una gama inmensa de grises y ocres que abarca toda una colección de ególatras idealistas y —peor— nacionalistas, que buscan mejorar este mundo imperfecto haciéndolo a su imagen y semejanza; de idiotas sin afán de remediar su estupidez, corroborando sus opiniones con las de quienes no discrepen —y Dios les libre de debatir so pena de estar equivocados—; o simplemente, de borregos en busca de un objetivo glorioso, de un pastor de pastores que los guíe… ¿hacia dónde?

Hoy en día, con lo que está sucediendo en Ucrania, las mismas sensaciones, y esa incapacidad de acción que me precede, lo único que puedo hacer es escribir este tipo de cosas para desahogarme un poco.

Quizás el mensaje llegue a alguna parte esta vez…